Vivimos rodeadas de estímulos, notificaciones, listas de tareas y metas por cumplir. Nos pasamos el día intentando llegar a todo, hacer más, ser más productivas. Y en ese ritmo que no afloja, los pequeños placeres —esos instantes suaves, casi invisibles— suelen quedar relegados a un segundo plano… o ni eso.
Pero en mi experiencia, ha sido precisamente ahí, en lo pequeño y cotidiano, donde he encontrado una fuente inagotable de bienestar. Redescubrir el valor de lo simple ha sido, para mí, una revolución silenciosa. Una manera de habitar el presente sin prisa, sin culpa y con los sentidos despiertos.
Hoy quiero hablarte de esos momentos diminutos que, si los miras con atención, tienen el poder de sostenernos más que cualquier éxito ruidoso.
¿Qué son los pequeños placeres?
Para mí, los pequeños placeres son esos gestos, rutinas, sensaciones o momentos que no tienen utilidad productiva, pero que nos conectan con el aquí y el ahora. No necesitan planificación, ni inversión, ni reconocimiento. Solo presencia.
Algunos ejemplos que me sostienen:
- El primer sorbo de café por la mañana
- Una canción que me emociona en medio del caos
- Estar en casa cuando llueve
- Oler pan recién hecho
- Leer unas páginas de un libro bonito
- Encender una vela cuando cae la tarde
- Un mensaje inesperado de alguien que quiero
- Quitarme los zapatos al llegar a casa
- Respirar profundamente antes de dormir
Son experiencias diminutas pero llenas de alma, que a menudo pasamos por alto porque estamos esperando “cosas más grandes”.

Por qué valen tanto (aunque no cuesten nada)
No es casualidad que, cuanto más rápida va la vida, más nos reconfortan estos microinstantes. Los pequeños placeres:
- Activan el sistema nervioso parasimpático (el de la calma)
- Nos devuelven al cuerpo, a los sentidos, al presente
- Generan microdosis de serotonina y oxitocina
- Nos recuerdan que no hace falta que todo cambie para sentirnos bien
Yo los veo como anclas emocionales: si un día va torcido, una taza de té caliente y silencio pueden ser suficiente medicina.
Aprendí a disfrutar lo simple cuando dejé de perseguir lo extraordinario
Durante muchos años pensaba que la vida se medía por hitos: viajes, ascensos, grandes celebraciones, transformaciones radicales. Y no digo que esas cosas no tengan valor. Pero me di cuenta de que, entre hito e hito… había mucha vida que se me escapaba.
Esperaba los fines de semana, las vacaciones, los momentos especiales. Mientras tanto, los días normales pasaban volando sin dejar huella.
Hasta que empecé a prestarle atención a lo cotidiano. No porque fuera épico, sino porque era mío, era ahora, era real. Y lo que cambió no fue lo que hacía, sino cómo lo vivía.
Mis rituales diarios de pequeños placeres
Te comparto algunos de los que repito casi a diario. Son cosas sencillas, pero cuando las hago con intención, se vuelven poderosas.
☕ 1. El café de la mañana en silencio
No reviso el móvil. No pongo la radio. Solo me siento y tomo el primer sorbo con los ojos medio cerrados. Es mi forma de decirme: “Empieza el día contigo.”
✍️ 2. Escribir una frase bonita en mi agenda
A veces es una cita, otras veces algo que me nace. Me gusta dejar pequeñas semillas de inspiración que me acompañen durante el día.
🌿 3. Cuidar mis plantas
Regarlas, limpiar sus hojas, cambiarles de sitio. Me recuerdan que el crecimiento también puede ser lento y silencioso.
🎶 4. Escuchar música sin hacer nada más
Poner una canción y dejarme llevar. Sin limpiar, sin trabajar, sin mirar el reloj. Solo escuchar. Solo sentir.
🕯 5. Encender una vela al caer la tarde
Me ayuda a marcar el final del día activo y el inicio de la parte más íntima. Es un gesto tierno que transforma la energía del espacio.

Cómo recuperar el gusto por lo simple
🧘♀️ 1. Bajar el ritmo (aunque sea por ratitos)
No hace falta parar el mundo. Basta con crear microespacios de lentitud: una ducha sin prisa, un paseo sin auriculares, una comida sin pantallas.
👁️ 2. Activar los sentidos
Volver a mirar, oler, tocar, saborear como si fuera la primera vez. A veces, lo que necesitas no es cambiar de lugar, sino cambiar de mirada.
🛑 3. Decirle que no a la multitarea
Hacer una cosa a la vez. Poner la atención completa en lo que estás haciendo. Comer sin scroll. Escuchar sin planear la respuesta. Descansar de verdad.
La belleza está en lo que no se comparte
Una de las cosas que más me ha enseñado este camino es que no todo tiene que ser mostrado. Los pequeños placeres son íntimos. No necesitan ser fotografiados, ni subidos a redes, ni comentados.
De hecho, a veces pierden fuerza cuando se exponen demasiado. Porque su magia está en que son solo tuyos.
La revolución de lo simple también es una forma de volver a lo esencial sin espectadores.
¿Y si no los siento?
Puede pasar. Si vienes de mucho estrés, o si estás emocionalmente desconectada, al principio los pequeños placeres pueden parecerte irrelevantes. No te obligues. No fuerces.
Empieza por observar. Tal vez hoy no sientas nada al oler tu crema favorita. Pero si repites el gesto con amor, sin expectativa, puede que un día lo sientas diferente. Volver al presente lleva tiempo. Y eso también está bien.
Pequeños placeres para mujeres rebeldes (como tú y como yo)
No nos definimos por los grandes logros. Nos definimos por cómo habitamos lo cotidiano. Por cómo elegimos vivir lo común.
Y sí, puede que no salgamos en portadas por preparar un desayuno bonito o bailar solas en la cocina. Pero esos gestos son actos radicales de cuidado y libertad.
La rebeldía, a veces, está en saborear un trozo de chocolate sin culpas. En acariciar una manta suave. En mirar por la ventana sin hacer nada. En disfrutar, no por obligación, sino porque estás viva y puedes.
Conclusión: lo simple también es sagrado
No necesitas una vida extraordinaria para sentir plenitud. Necesitas estar presente en la vida que ya tienes.
Los pequeños placeres son como hilos invisibles que tejen una existencia más rica, más lenta, más tuya.
Y cuando empiezas a valorarlos, te das cuenta de que no necesitas correr tanto, ni cambiarlo todo. Solo necesitas detenerte, mirar, agradecer… y repetir.
¿Y tú? ¿Tienes pequeños placeres que te sostienen cada día? ¿Te animas a hacer una lista de los tuyos y celebrarlos?
Si quieres, podemos compartir nuestros #placeresSixtyRebel en redes. Una taza, un olor, una canción. Porque la vida real también es bella… en sus detalles más simples.
