Cuando cumplí 60 años, sentí una mezcla extraña de emoción, incertidumbre y una pizca de rebeldía. Muchas personas de mi entorno hablaban de jubilación, descanso o de tomarse la vida con más calma. Pero algo dentro de mí me decía que ese no era mi camino. Siempre me había encantado escribir, leer, coleccionar papelería bonita y documentar mi vida a través del journaling. Así que me pregunté: “¿Y si convierto esta pasión en un emprendimiento real?”
La sacudida que lo cambió todo
Ese pensamiento se convirtió en acción tras un hecho doloroso pero decisivo: fui despedida de mi empleo. El motivo, aunque injusto, fue mi diagnóstico de fibromialgia. No sabía si darles las gracias o seguir adelante con la denuncia por discriminación (que, por cierto, sigo adelante con ella), pero sí tenía claro algo: ese despido fue el empujón que necesitaba para apostar por mí.
Descubriendo Amazon KDP: el comienzo de una nueva etapa
Uno de mis primeros descubrimientos fue Amazon Kindle Direct Publishing (KDP). Esta plataforma permite autopublicar libros sin necesidad de pasar por el circuito tradicional. Para alguien que había soñado con publicar desde joven pero siempre pensó que era algo inalcanzable, encontrar KDP fue como una ventana abierta al mundo.
Decidí escribir sobre lo que mejor conocía y vivía: la menopausia, el feminismo, la reinvención después de los 50 y todo ese universo poco explorado con mirada empática. Así nació mi primer libro: No eres tú, es la menopausia. Fue el fruto de muchas horas frente al ordenador, entre risas, llantos y una sensación de libertad total.
La satisfacción de verlo publicado fue inmensa. Pero rápidamente comprendí que autopublicar era solo el primer paso. Necesitaba aprender a promocionar mi libro y a llegar a mis lectoras.

Aprendiendo marketing digital desde cero
Me sumergí en el mundo del marketing digital, algo que al principio me parecía casi un idioma extraterrestre. Palabras como SEO, embudos, engagement o CTA me sonaban a ciencia ficción. Pero poco a poco, comencé a entender los códigos, las estrategias, las herramientas.
Creé perfiles en redes sociales, empecé a grabar vídeos, diseñar imágenes y escribir publicaciones que conectaran con otras mujeres como yo. Cada pequeño logro era una dosis de energía: la primera reseña positiva, el primer comentario agradecido, el primer seguidor que decía «me inspiras».
El descubrimiento del copywriting: escribir con propósito
En ese camino de aprendizaje llegué al copywriting. Nunca imaginé que existiera una forma de escritura tan poderosa, capaz de emocionar y persuadir a la vez. Descubrí que el copywriting no es vender por vender, sino conectar desde la autenticidad.
Me formé, leí, practiqué y poco a poco empecé a ofrecer mis servicios. Ayudé a otras mujeres de mi generación a encontrar las palabras para contar sus historias, promover sus marcas o lanzar sus proyectos. Ver sus negocios crecer gracias a mis textos fue una experiencia profundamente gratificante.
Mi journaling: el diario que me sostuvo y empoderó
En todo este proceso hubo una herramienta que fue mi ancla emocional: el journaling. Llevar un diario, lejos de ser un simple hobby, fue mi terapia personal. Ahí anotaba mis metas diarias, mis ideas de contenido, mis inseguridades y mis sueños.
A más de una persona puede parecerle una tontería, pero ese rato diario con mi libreta me dio foco, me ayudó a entenderme mejor y fue clave para mantener la motivación cuando nada parecía funcionar. Descubrí patrones, bloqueos, ideas que habían estado dormidas durante años y que gracias a la escritura tomaron forma.
Hoy, parte de mis libros están inspirados directamente en las reflexiones que nacieron de esas páginas manuscritas.

Reinventarse después de los 60: retos y fortalezas
No voy a edulcorarlo: emprender después de los 60 tiene sus retos. Estás aprendiendo cosas nuevas cuando muchos a tu alrededor están hablando de «ralentizar». Te enfrentas a tecnologías que cambian rápido, a prejuicios del entorno y a tu propio síndrome de la impostora.
Pero también tienes algo que no tenías a los 30: claridad. A esta edad sabes mejor quién eres, qué te gusta, en qué no vas a perder el tiempo. Tienes experiencia, perspectiva, y una capacidad de resiliencia brutal. Y lo mejor de todo: no tienes que demostrarle nada a nadie. Emprendes por ti y para ti.
De la pantalla al mundo: creando comunidad
Una de las sorpresas más hermosas de este camino ha sido la comunidad. Gracias a las redes he conocido a mujeres de todo el mundo que están en procesos similares. Compartimos retos, ideas, ánimos y hasta risas. No hay competencia, hay complicidad.
He recibido mensajes de lectoras que me han emocionado hasta las lágrimas. Mujeres que se sintieron vistas, comprendidas, acompañadas por mis palabras. Y eso, amiga mía, no tiene precio.
El valor de atreverte
Si has llegado hasta aquí leyendo, y estás en ese punto donde la idea de emprender ronda tu cabeza pero no te atreves, permíteme decirte algo: hazlo. No necesitas tener todo claro, no necesitas ser experta en tecnología, ni tener un plan maestro. Necesitas ganas, curiosidad, y ese puntito de locura rebelde que a veces sentimos cuando algo nos late fuerte por dentro.
Quizá quieras escribir un libro, abrir una tienda online, empezar a dar talleres, crear contenido… Sea lo que sea, empieza. Empieza mal, empieza con miedo, pero empieza. Porque la energía que se activa cuando te mueves es imparable.

Lo que aprendí (y sigo aprendiendo)
Desde aquel despido injusto hasta hoy, he aprendido muchas cosas:
- Que la creatividad no tiene fecha de caducidad.
- Que el aprendizaje constante rejuvenece.
- Que el apoyo entre mujeres es una fuerza transformadora.
- Que reinventarse es posible a cualquier edad si te das permiso.
Hoy vivo más conectada con lo que me apasiona. Sigo escribiendo, sigo aprendiendo, sigo emprendiendo. Y sobre todo, sigo inspirando (y dejándome inspirar).
Y ahora te toca a ti
i algo de lo que has leído te ha resonado, si te ha picado la curiosidad o te ha hecho sonreír con cómplice esperanza, entonces este artículo ha cumplido su misión.
No dejes que la edad sea una excusa. No esperes el momento perfecto. Da ese primer paso, aunque sea pequeño. Porque cada vez que una mujer se atreve a reinventarse, el mundo se vuelve un poquito más libre.
Te espero del otro lado. Donde las sesentas no se jubilan, se rebelan.
