Ser fashion victim puede ser divertido, no lo niego. Nos da la oportunidad de jugar, probar, experimentar y reinventarnos con cada nueva temporada. ¿Quién no ha sentido ese pequeño subidón al encontrar una prenda tendencia y lucirla como si el mundo fuera una pasarela?
Pero cuando la moda cambia más rápido que una historia en Instagram, conviene parar un momento y hacernos una pregunta:
¿Qué me representa de verdad?
El verdadero estilo personal va mucho más allá de lo que está de moda en este preciso instante. No se trata solo de ropa, sino de autoexpresión, autenticidad y evolución. Es el reflejo de quiénes somos, cómo nos sentimos, y cómo queremos habitar el mundo. Y eso, no caduca nunca.

La madurez también se viste
Una de las cosas más hermosas del estilo es que no es rígido, crece con nosotras.
No somos las mismas a los 20, a los 40 o a los 60.
Nuestros cuerpos cambian, nuestras prioridades cambian, y también nuestra forma de vernos y mostrarnos.
Lo que nos hacía sentir poderosas antes puede no tener sentido ahora. Y eso está bien. El estilo es ese compañero silencioso que se adapta, se transforma y sigue siendo nuestro.
¿Cómo cultivamos un estilo que nos acompañe siempre?
1. Conócete a ti misma
Este es el punto de partida. ¿Qué te hace sentir segura? ¿Qué colores, tejidos o siluetas te empoderan? El espejo no tiene que ser un juez, sino un aliado.
Está bien inspirarse, claro. Pero no copies. Lo que te favorece es lo que te conecta contigo.
2. Invierte en piezas atemporales
No necesitas seguir cada tendencia para tener estilo. Hoy, mi filosofía se ha vuelto más Old Money. Antes compraba sin pensar, ahora me pregunto:
¿Esto aporta algo a mi armario o solo lo desordena?
Un abrigo camel, una camisa blanca bien cortada, unos buenos vaqueros… son básicos que no fallan y se reinventan con cada combinación.
3. Añade tu toque personal
Los detalles hacen la diferencia. Un pañuelo con historia, un anillo heredado, un bolso que te hace sonreír. Son esos elementos únicos los que cuentan tu historia a través de la ropa. Tu estilo no necesita gritar, solo necesita decir: «Esta soy yo».
4. Atrévete a jugar
Sí, ¡la moda también es juego! Probar nuevas combinaciones, salir de la zona de confort, mezclar texturas o patrones. No es traicionarte, es explorar posibilidades. El estilo personal no es una jaula: es un viaje. Y en ese viaje, se vale cambiar.

El estilo como forma de libertad
En un mundo que muchas veces nos quiere invisibles a partir de cierta edad, vestirnos como queremos es un acto de rebeldía suave pero poderosa.
No vestimos para gustar. Vestimos para estar bien con nosotras.
Para habitar nuestra edad con seguridad, con elegancia, con fuerza.
Para mirar el armario y decir: «hoy me visto para mí».
Así que deja que el estilo sea tu forma de decirle al mundo que aquí estás, con historia, con presencia y con mucho por mostrar.
La moda es pasajera. El estilo, eterno.
Muéstrate auténtica. Cambia si lo sientes. Y sobre todo, diviértete mucho en el proceso. Porque no hay edad para verse bien, pero sí hay una edad ideal para vestirse con libertad: la tuya.
