Mujer en el bosque

Silencio elegido: aprender a estar sola sin sentirte sola

Hace algunos años, la soledad me parecía un lugar hostil. Me daba miedo imaginar fines de semana sin planes, comidas sin compañía o días largos sin voces alrededor. Lo asociaba con vacío, con abandono, con una especie de fracaso silencioso.

Hoy, después de muchos pequeños descubrimientos (y no pocas resistencias), puedo decir que he hecho las paces con estar sola. Es más, muchas veces la elijo. Y no como una forma de huida, sino como un acto de presencia. He aprendido que el silencio no es ausencia, sino un espacio fértil donde pasa lo importante.

Este artículo no va de cómo “superar” la soledad. Va de reconciliarse con ella, de convertirla en aliada, de entender que en un mundo saturado de ruido, poder estar contigo misma es un superpoder.


¿Soledad o silencio?

Durante mucho tiempo, confundí estar sola con sentirme sola. Y hay una gran diferencia.

Estar sola es un hecho. No hay otra persona a tu lado.
Sentirse sola es una emoción. Un anhelo no satisfecho, una desconexión, un dolor.

Yo puedo estar rodeada de gente y sentirme sola. O pasar el día conmigo misma y sentirme plena.

Esa distinción fue el primer paso para transformar la experiencia.


La presión social de estar siempre conectadas

Vivimos en una cultura que valora el ruido, la actividad y el vínculo constante. Si no tienes plan, parece que te falta algo. Si no contestas en 5 minutos, te preguntan si pasa algo. Si pasas un fin de semana en casa, sola, parece casi sospechoso.

Y esa presión se acentúa cuando llegamos a cierta edad. Porque hay una narrativa cultural que dice que una mujer de más de 50 “debería” tener su círculo hecho, su familia alrededor, su pareja establecida… como si la vida ya estuviera en fase de mantenimiento.

Pero ¿y si esta etapa fuera el mejor momento para elegir con quién queremos estar… y cuándo queremos estar solas?


Mi primer silencio elegido

Recuerdo la primera vez que dije: “Hoy quiero estar sola”. Sin excusas. Sin decir que estaba ocupada. Sin justificarme. Fue raro. Me sentí un poco egoísta. Incluso me dio miedo aburrirme.

Pero ese día fue revelador. Caminé sin auriculares. Comí sin televisión. Me senté a leer sin mirar el móvil. Y por primera vez en mucho tiempo, escuché mi propio ritmo.

No me sentí sola. Me sentí libre.


Beneficios de pasar tiempo sola (y quererlo así)

Estar sola con intención, con amor propio, con propósito… cambia tu relación contigo y con el mundo. Aquí te cuento lo que yo he descubierto:

1. Escuchas tu voz interior (de verdad)

Cuando no hay ruido externo, puedes empezar a oírte sin filtros. Aparecen pensamientos que estaban tapados, deseos que habías silenciado, preguntas que merecen atención.

2. Te conoces más y mejor

Estar sola es una forma de hacer inventario: qué te gusta, qué te aburre, qué te mueve. Sin necesidad de adaptarte a nadie.

3. Ganas energía

Estar con gente requiere energía (incluso con los que amas). La soledad elegida te recarga, te devuelve al centro.

4. Te vuelves más auténtica

Cuando pasas tiempo sola, sin validación externa, empiezas a definir tu valor desde dentro. Te gustas como eres, no por lo que otros opinan.


Pero… ¿y si a veces la soledad duele?

Claro que sí. No te voy a pintar un cuadro idílico todo el tiempo. Hay momentos en que estar sola se siente como un golpe. Cumpleaños sin llamada, domingos silenciosos, decisiones difíciles sin apoyo.

La clave para mí ha sido no romantizar el dolor, pero tampoco huir de él. Sentirlo. Reconocerlo. Y después preguntarme: ¿qué necesito? ¿Compañía? ¿Movimiento? ¿Cuidado?

Porque una cosa es estar sola por elección. Y otra muy distinta es sentirse abandonada.


Cómo he creado espacios de silencio nutritivo

Con el tiempo, he ido construyendo momentos que me ayudan a disfrutar de estar conmigo. Son simples, pero poderosos:

📖 1. Leer en silencio (sin música, sin interrupciones)

No hay nada como sumergirse en un libro sin distracciones. Es un diálogo íntimo entre tú y las palabras. Me gusta leer con una manta, un té y una libreta cerca, por si quiero subrayar o escribir algo.

🧘 2. Pasear sin móvil

Me gusta caminar por lugares tranquilos, sin escuchar podcasts, sin mirar el teléfono. Solo observar. Escuchar mis pasos. Oír los pájaros. Regresar al cuerpo.

✍️ 3. Escribir solo para mí

No tiene que ser un diario formal. A veces escribo frases sueltas, listas de cosas que amo, preguntas sin respuesta. Me sirve para vaciarme por dentro y ordenarme.

☕ 4. Desayunar sin pantallas

Los primeros 30 minutos del día son solo míos. Nada de redes. Nada de noticias. Solo yo, mi desayuno y una vela encendida. Es un pacto de amor diario.

🎨 5. Crear sin esperar resultados

Pinto con acuarelas aunque no sepa. Recorto imágenes y hago collages. Cocino con música clásica. Crear en soledad me reconecta con una parte muy profunda de mí.


Cómo distinguir la soledad elegida de la impuesta

Una pista clara: si te sientes nutrida después, era elegida. Si te sientes vacía o herida, quizás necesitas ajustar algo.

También ayuda preguntarte:

  • ¿Estoy sola porque lo necesito o porque me aíslo?
  • ¿Estoy evitando vínculos o cuidando mi espacio?
  • ¿Estoy en calma o en tristeza?

No hay respuestas correctas, solo honestas. Y eso ya es un acto de valentía.


Qué le digo hoy a mi yo de hace unos años

Le diría: “Estar sola no es un castigo. Es una oportunidad para descubrir lo que solo se revela en el silencio.”

Le diría que aprenderá a quererse de verdad cuando deje de intentar encajar. Que no está incompleta por no tener compañía constante. Que ella misma es suficiente… y maravillosa.


Conclusión: estar sola no es estar vacía, es estar llena de ti

En esta etapa de mi vida, valoro muchísimo mis vínculos. Pero también he descubierto que mi mejor compañía soy yo.

El silencio elegido me da claridad, fuerza, equilibrio. Me conecta con lo esencial. Me recuerda que no necesito llenar cada hueco. Que no hay nada roto por reparar. Que en el silencio, muchas veces, aparece la verdad.

¿Y tú? ¿Disfrutas de estar sola o te cuesta? ¿Tienes rituales para reconectar contigo sin necesidad de nadie más?

Estar sola, cuando es una elección consciente, puede ser el principio de una vida más libre.

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